Soledades
Cuando Juan miró a través de las cortinas semicerradas del viejo bar sintió un nudo en la garganta. Se podía observar la mezcla de actividad y desolación que allí reinaba. Ya era de madrugada y sólo los mozos se movían al ritmo que marcaban las escobas apuradas por liquidar rápidamente con la mugre acumulada sobre el piso. Los cadáveres de los cigarrillos que acompañaron las charlas se amontonaban en los ceniceros. Apilados en un rincón los manteles parecían una bola de nieve que crecía a medida que se iban levantando los últimos servicios .Las sillas imploraban al cielo que aquel movimiento cesara y pudieran descansar hasta el próximo día. Pirámides de platos y vasos eran la prueba viviente de la concurrencia de aquella noche. A pesar de los esfuerzos de los trapos de pisos por hacerlas brillar las baldosas mostraban el inexorable paso del tiempo.
Juan se acercó a la puerta y un olor rancio ,inconfundible, que hacía mucho no sentía lo envolvió como un manto . Trató de imaginarse nuevamente allí en una noche cualquiera, cuando todos gritaban para lograr hacerse oír ,pero el silencio del lugar lo tapó como un alud . Buscó algún vestigio de las horas pasadas alrededor de aquellas mesas discutiendo con sus amigos alguna teoría filosófica, pero aquel tiempo ya no existía, al igual que ellos.
Lentamente ,se fue desvaneciendo y siguió su peregrinación en busca de un pasado perdido y tan muerto como aquel bar en esa madrugada.
Juan se acercó a la puerta y un olor rancio ,inconfundible, que hacía mucho no sentía lo envolvió como un manto . Trató de imaginarse nuevamente allí en una noche cualquiera, cuando todos gritaban para lograr hacerse oír ,pero el silencio del lugar lo tapó como un alud . Buscó algún vestigio de las horas pasadas alrededor de aquellas mesas discutiendo con sus amigos alguna teoría filosófica, pero aquel tiempo ya no existía, al igual que ellos.
Lentamente ,se fue desvaneciendo y siguió su peregrinación en busca de un pasado perdido y tan muerto como aquel bar en esa madrugada.

2 Comentarios:
Si puede -le recomiendo- consiga "El bar del infierno" de Alejandro Dolina. Y otra cosa: engáñelo, tómelo por sorpresa en cualquier página cada día y léa solo hasta donde lo disfrute.
Verá que placer.
Por
Yamandú Cuevas, A la/s
1:58 p. m.
Me gusta mucho escuchar a Dolina. No lo he leído, hasta ahora.Voy a seguir tu recomendación! Gracias por tu visita !
Por
Araucaria2006, A la/s
10:51 p. m.
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